La economía de los tokens: cuánto cuesta de verdad la IA en tu empresa

En el último post conté el método que uso para decidir dónde aplicar IA y dónde no. Hoy toca la parte que casi nadie explica bien y que, tarde o temprano, acaba encima de la mesa de cualquier comité: cuánto cuesta esto de verdad. Porque la IA no se compra una vez, como una licencia. Se consume, como la gasolina. Y quien no entienda eso va a llevarse sustos en la factura.

Qué es un token (y por qué te importa)

Un token es la unidad en la que un modelo de lenguaje trocea el texto: más o menos, un trozo de palabra. Esta frase que estás leyendo son unos veinte tokens. Cada vez que le pides algo a un modelo en la nube, pagas por los tokens que entran (tu pregunta, tus documentos, el contexto) y por los que salen (la respuesta). Nada más, y nada menos.

La consecuencia es directa: el coste de la IA escala con el uso. Un piloto con diez personas cuesta calderilla. Ese mismo caso desplegado a toda la plantilla, procesando documentos largos cada día, es otra película. Y aquí está la trampa habitual: los pilotos se aprueban mirando el precio del piloto, no el precio del despliegue. Luego la adopción funciona —que era el objetivo— y la factura crece justo por haber tenido éxito. Es el único proyecto de IT que conozco donde el éxito te sube el coste variable.

Por eso digo que los tokens son el nuevo petróleo: no porque valgan oro, sino porque son un consumible que alimenta el motor, con su precio fluctuante, sus proveedores dominantes y su dependencia estratégica. Y como con el petróleo, la pregunta inteligente no es «¿cuánto cuesta el litro?», sino «¿cuánto consume mi coche y cuántos kilómetros hago?».

Las tres formas de pagar la factura

Toda empresa que escala IA acaba delante de la misma decisión, con tres caminos posibles.

100% nube. Pagas por token a un proveedor (Anthropic, OpenAI, Google…). Ventajas evidentes: cero mantenimiento, siempre la última generación de modelos, empiezas mañana. Inconvenientes menos evidentes: el coste crece linealmente con el uso y no tiene techo, tus datos viajan a un tercero, y no controlas ni el precio ni la disponibilidad. Si mañana tu proveedor sube tarifas o deprecia el modelo que usas, te toca bailar al son que marquen.

100% local. Compras hardware, despliegas modelos abiertos en tu casa, y cada token pasa a costarte cero (bueno, electricidad y amortización). Los datos no salen nunca de tu infraestructura, que para según qué información no es un capricho, es un requisito. El peaje: inversión inicial seria, modelos algo por detrás de los punteros de nube, y necesitas equipo que sepa mantener esto vivo. Es cambiar coste variable por coste fijo más talento.

Híbrido. Lo crítico y lo sensible en casa; lo creativo, lo puntual y lo no sensible en la nube. Es la opción que defiendo casi siempre, porque replica algo que en IT llevamos décadas haciendo con la propia nube: no es todo o nada, es cada carga de trabajo donde le conviene. La productividad general de la plantilla va perfecta contra la nube; el proceso que toca dato de cliente o margen, mejor donde tú mandas.

No todos los motores gastan lo mismo

El segundo error de la factura es usar el modelo grande para todo. Es como hacer los recados del barrio en un camión de 40 toneladas: llegar, llegas, pero a qué precio.

Los modelos grandes son para razonamiento exigente: análisis complejos, redacción cuidada, decisiones con matices. Los modelos pequeños hacen tareas acotadas —clasificar un correo, extraer campos de una factura, etiquetar un ticket— igual de bien, muchísimo más rápido y por una fracción del coste; hablamos de diferencias de un orden de magnitud o más por token. Y los modelos especializados, entrenados para una sola cosa (prever demanda, leer albaranes), suelen ganar a todos en su terreno.

La arquitectura sensata casi nunca es «elegimos Claude o elegimos GPT». Es un enrutador con criterio: cada petición al modelo más barato que la resuelva bien, y el grande solo cuando de verdad hace falta. Ese ajuste, en un despliegue serio, puede recortar la factura a la mitad sin que nadie note diferencia en la calidad.

Cómo no llevarte sustos

Cuatro prácticas que me han funcionado para mantener esto bajo control:

Presupuesta el despliegue, no el piloto. Antes de aprobar un caso de uso, estima el consumo a plena adopción: usuarios × peticiones/día × tokens por petición. Es una multiplicación de servilleta y te ahorra la conversación incómoda de dentro de un año.

Mide el consumo por caso de uso desde el día uno. Igual que no aceptarías una factura eléctrica sin contador, no aceptes una factura de IA sin saber qué proceso consume qué. Sin esa trazabilidad no puedes optimizar ni defender el gasto.

Pon el coste al lado del retorno. Un caso que consume mucho pero ahorra veinte veces su coste es un caso magnífico. Uno baratísimo que no ahorra nada es caro. El token no es el problema; el problema es el token que no devuelve valor.

Diseña para poder cambiar de proveedor. El lock-in en IA es real: precios que cambian, modelos que se deprecian, condiciones que se endurecen. Si tu arquitectura permite sustituir el modelo de debajo sin reescribirlo todo, negocias desde otra posición.

En resumen

La IA se paga por uso, y eso cambia cómo hay que pensarla: menos «qué herramienta compro» y más «qué consumo asumo, dónde lo ejecuto y qué me devuelve». Nube para arrancar y para lo no sensible, local para el dato que no puede salir, híbrido como destino natural, y el modelo adecuado —no el más grande— para cada tarea.

El petróleo hizo ricas a las empresas que aprendieron a refinarlo y a consumirlo con cabeza, no a las que más quemaban. Con los tokens va a pasar exactamente lo mismo.

Lo difícil se hace, lo imposible se intenta. Pero conviene saber cuánto cuesta el intento.


Joan Garcia Camba es CIO de retail internacional en Barcelona. Ingeniero y MBA, escribe sobre tecnología, gestión y equipos desde 2008. Su perfil profesional completo está en joan.si.

Cómo no acabar en el 90% de proyectos de IA que fracasan

Cada vez que sale el tema de la inteligencia artificial en una reunión, veo la misma escena: media mesa con los ojos brillantes, convencida de que esto lo cambia todo, y la otra media con los brazos cruzados, pensando que es la enésima moda. Y luego estoy yo, que llevo un tiempo montando esto de verdad en una empresa de retail, intentando que ninguna de las dos mitades tenga toda la razón.

Porque el dato incómodo es este: nueve de cada diez proyectos de IA no llegan a nada. No escalan, no se miden y acaban muriendo en una demo bonita. Lo curioso es que casi nunca fallan por la tecnología. Fallan por cosas bastante más aburridas.

Así que voy a contar lo que he aprendido separando el ruido de la señal: por qué fracasan, qué conceptos conviene tener claros para no comprar humo, y el método que uso para decidir dónde aplicar IA y dónde no.

Las cuatro formas de fracasar

Si repaso los proyectos que se caen, los míos y los que me cuentan colegas, casi todos encajan en una de estas cuatro causas:

La promesa mágica. El comercial te vende una capacidad que la tecnología no entrega. La demo funciona de maravilla… con datos de juguete. Luego la conectas a la realidad y se desinfla.

El dato que no existe. El proyecto necesita datos que la empresa no tiene, o que sí tiene, pero están sucios, repartidos en cinco sitios que no se hablan y sin nadie que responda por ellos.

El proyecto sin dueño. Nadie se responsabiliza del cambio de proceso ni de la adopción. La herramienta se instala y se queda ahí, mirando.

La ausencia de métrica. No hay medición antes y después. Nadie sabe si funcionó, así que la siguiente vez que pidas presupuesto no tienes con qué defenderlo.

Fíjate en que, en ninguna de las cuatro, el problema es el modelo. El reto nunca es comprar IA. Es elegir bien dónde aplicarla y blindar el dato antes de empezar.

La IA no es una sola cosa

Buena parte del humo viene de tratar “la IA” como si fuera un bloque único. Cuando aparece en prensa, normalmente vemos la punta del iceberg. Debajo hay capas, y conviene distinguirlas para saber de qué estamos hablando:

Está la inteligencia artificial como paraguas: cualquier sistema que imita capacidades humanas, como ver, leer, decidir o hablar. Dentro está el machine learning, sistemas que aprenden de datos en lugar de seguir reglas escritas a mano. Dentro, las redes neuronales y el deep learning, que aprenden patrones complejos de imagen, audio o texto. Y de ahí salen los LLM, redes especializadas en lenguaje (los Claude, GPT, Llama de turno) y los modelos especializados, entrenados para una tarea concreta, como leer una factura o prever demanda.

Y una aclaración que ahorra muchas conversaciones de ciencia ficción: todo lo que existe hoy en producción es IA estrecha. Resuelve una tarea. La IA general, con capacidades humanas amplias, sigue en investigación y nadie la ha conseguido. La superinteligencia es teórica. Cuando alguien te venda que su producto “piensa”, desconfía.

La fórmula que de verdad sirve

Si tuviera que resumir en una línea qué hace útil a la IA dentro de una empresa, sería esta:

LLM + RAG + MCP = un agente que entiende, lee tus documentos y opera sobre tus sistemas.

Traducido, porque estas siglas se usan mucho y se explican poco:

El LLM es el motor que entiende y genera lenguaje. Por sí solo es brillante, pero no sabe absolutamente nada de tu empresa.

El RAG (Retrieval Augmented Generation) es la biblioteca inteligente: hace que el modelo busque primero en tus documentos y responda con ese contexto, citando la fuente. Cambias el documento y la respuesta cambia, sin reentrenar nada. Es lo que conecta el modelo público con tu conocimiento privado.

El MCP (Model Context Protocol) es un conector estandarizado que permite a la IA consultar tus sistemas, con permisos. Es la diferencia entre una IA que solo habla y una que puede mirar tu stock o tu contabilidad respetando quién pregunta.

Y un agente es un LLM con herramientas y objetivos: no solo responde, actúa. Lee, decide, llama a una API y escribe en un sistema. Ahí es donde la cosa deja de ser un chat curioso y empieza a mover trabajo.

Un principio que me ha salvado de más de un susto: el modelo razona, los scripts ejecutan. Lo creativo lo hace el modelo; las acciones irreversibles, como un despliegue, un correo o un borrado, las hace código determinista. Al modelo no le das el botón rojo.

Los tokens son el nuevo petróleo

Aquí entra la parte que a los de negocio les interesa de verdad: esto se paga por uso. Cuanta más IA, más consumo. Y toda empresa que escala IA acaba delante de la misma decisión, con tres opciones de coste y riesgo muy distintos.

Puedes ir 100% nube: coste variable que crece linealmente con el uso, mantenimiento cero, última generación… pero tus datos viajan a un tercero y no controlas ni el precio ni la disponibilidad.

Puedes ir 100% local: inversión en hardware por delante, pero cero coste por token y los datos nunca salen de casa. A cambio, necesitas equipo para mantenerlo.

Y puedes hibridar: lo crítico y sensible en casa, lo creativo y puntual en la nube. Para la mayoría es la opción más equilibrada, y es la que defiendo casi siempre: cloud para productividad y casos no sensibles, on-premise para el dato que no puede salir.

No es una decisión de “Claude contra GPT”. Es decidir qué modelo usas para qué dato y qué tarea. Modelos grandes para razonamiento exigente, modelos pequeños para tareas acotadas que van rapidísimas y baratas, y modelos especializados para lo concreto. Lo habitual es combinarlos, no elegir uno.

Elige la raíz, no las hojas

Con las piezas claras, viene la pregunta del millón: ¿por dónde empiezo? Mi consejo es buscar la raíz, no las hojas. Es decir, la decisión de la que cuelgan muchas otras.

En retail, por ejemplo, esa raíz suele ser la previsión de venta. Si aciertas cuánto vas a vender, alimentas de golpe la logística (cuántos bultos mover), las compras (cuánto pedir y cuándo) y la gente (cuántas personas y qué horarios en cada tienda). Un solo motor bien hecho da servicio a tres áreas. Si fallas en la venta, todo lo demás se mueve en falso.

Y un matiz que para mí marca la diferencia: que el modelo no solo dé una cifra, sino que explique por qué. “142 unidades el viernes: +18% por festivo local, +6% por campaña, -4% por lluvia prevista, sobre la base del año pasado.” Un número sin el porqué no te lo compra ningún comité. Un número con su razonamiento, sí.

El antídoto: valida tú, no el comercial

Aquí está, para mí, la pieza que separa a quien acaba en el 90% que fracasa de quien no: un filtro propio antes de escuchar a ningún vendor.

En la práctica es un pequeño comité que decide internamente si un caso es viable, con cuatro reglas de oro: validamos nosotros (no quien nos quiere vender), solo entra lo que tiene dato fuente comprobado, cada iniciativa lleva un sponsor de negocio y un owner técnico, y toda idea nace con una métrica medible desde el día uno.

Y una ficha única por la que pasa cada propuesta, con cinco ejes obligatorios:

  1. Impacto. ¿Qué mueve? Horas, ventas, margen, stock, riesgo.
  2. Datos. ¿Existen, están limpios, tenemos permisos y trazabilidad?
  3. Facilidad. ¿Qué integraciones y qué cambio de proceso exige?
  4. Riesgo. Privacidad, legal, reputacional, operativo.
  5. Métrica. El indicador antes/después, definido antes de empezar.

Parece burocracia. Yo era el primero que veía este tipo de marcos como plantillas para consultoras aburridas. Me equivocaba. No va de rellenar casillas. Va de pasar de “lo probamos a ver” a “sabemos por qué esto sí y aquello no”. Es lo que convierte una lista de ideas sueltas en un portfolio que puedes gobernar.

Los frentes que hay que defender desde el día uno

Aunque hagas todo bien, un despliegue de IA tiene varios puntos por los que se puede caer. Conviene vigilarlos desde el principio:

Datos sensibles saliendo a un tercero sin control. Permisos por rol: el mismo conector no puede enseñar lo mismo a administración que a tienda; sin esa capa, hay fugas. Alucinaciones: el modelo se inventa una cifra y, sin trazabilidad ni validación humana, el error acaba en tu presentación. Lock-in y coste: sin estrategia híbrida, la factura crece con la adopción. Regulación: el AI Act europeo trae obligaciones de transparencia y documentación. Y explicabilidad: decisiones “caja negra” que luego no puedes justificar ni al cliente ni al regulador.

Ninguno es motivo para no hacer nada. Todos son motivo para hacerlo con cabeza.

En resumen

La IA no es ni la salvación que cuentan los titulares ni el humo que señalan los escépticos. Es una herramienta muy potente para una empresa que ya tiene los deberes hechos: datos ordenados, procesos definidos, un responsable y una métrica. Si los tienes, vuela. Si no, el trabajo más rentable que puedes hacer este año probablemente no lleve la etiqueta “IA”: será ordenar la casa para que, cuando la enchufes, tenga algo bueno que amplificar.

Y sobre todo, no delegues en el comercial la decisión de qué te conviene. Valídalo tú, con tu dato y tu métrica. El 90% que fracasa casi siempre es el que se saltó ese paso.

Lo difícil se hace, lo imposible se intenta. Pero antes de intentar lo imposible, conviene tener el dato en su sitio.


Joan Garcia Camba es CIO de retail internacional en Barcelona. Ingeniero y MBA, escribe sobre tecnología, gestión y equipos desde 2008. Su perfil profesional completo está en joan.si.

La IA en el retail español: el hype y lo que de verdad mueve la aguja

Cada semana leo tres titulares nuevos sobre cómo la inteligencia artificial va a revolucionar el retail. Y cada semana, cuando intento aplicar algo de eso en una empresa real —con sus tiendas, su ERP de hace años y sus datos imperfectos—, me doy cuenta de la distancia que hay entre el titular y el martes por la mañana.

Ilustración conceptual sobre inteligencia artificial

Llevo tiempo en una posición rara que me deja ver las dos orillas: vengo de la ingeniería, así que sé lo que cuesta montar estas cosas de verdad; pasé por escuelas de negocio, así que me obligo a preguntar «¿esto cuánto dinero mueve?»; y trabajo en retail, donde la teoría se estrella contra la realidad de un almacén y un margen apretado. Desde ahí, voy a intentar separar el ruido de la señal.

El hype: lo que brilla en las presentaciones

Hay una versión de la IA en retail que se vende muy bien en un escenario y que casi nunca sobrevive al contacto con la realidad.

El chatbot mágico que «entiende a tus clientes» y dispara las ventas. La demo espectacular que funciona de maravilla… con datos de juguete. El «la IA lo va a cambiar todo» sin decir qué, ni cuándo, ni con qué presupuesto. Y mi favorito: la idea de que vas a comprar una herramienta, apretar un botón y al día siguiente tener una empresa inteligente.

Spoiler: no. El 80% del trabajo no es la IA. Es lo aburrido de antes —tener los datos limpios, los procesos definidos y los sistemas hablando entre ellos—, solo que ahora con un nombre más sexy encima.

Lo que sí mueve la aguja

Y sin embargo, soy un convencido. Porque cuando dejas de buscar la magia y la usas para lo que es buena, el impacto es real. Lo que de verdad ha funcionado en mi experiencia no sale en ningún titular:

Automatizar lo tedioso de dentro. No el escaparate, sino la trastienda: clasificar y enrutar correos, conciliar movimientos que antes te comían una tarde entera, ordenar tareas repetitivas. No es glamuroso, pero devuelve horas todas las semanas. Y las horas son dinero.

Dar acceso a los datos a quien no sabe SQL. Que alguien pueda preguntar «¿cuánto hemos vendido de esto la semana pasada?» en lenguaje normal y obtener la respuesta, sin pasar por mí ni por un informe que tarda dos días. Democratizar el dato es, probablemente, el mayor cambio cultural que he visto.

Ayudar a decidir, no decidir por ti. Previsión de demanda, reposición, detectar lo que se está quedando parado. La IA aquí no sustituye a nadie: le pone delante a una persona buena la información que necesita para acertar más. Augmentar, no reemplazar.

Fíjate que en ninguno de los tres el protagonista es el modelo. El protagonista siempre son tus datos y tus procesos.

El cuello de botella real (y no es la IA)

Aquí va la parte que no gusta oír. Si tu empresa no consigue sacar valor de la IA, casi nunca es por el modelo. Es porque tus datos están sucios, repartidos en cinco sitios que no se hablan, y porque hay procesos que solo existen en la cabeza de una persona.

La IA es un amplificador. Si le das encima de un caos bien estructurado, multiplica. Si le das encima de un caos a secas, multiplica el caos. Por eso el trabajo más rentable que puedes hacer este año probablemente no lleve la etiqueta «IA»: es ordenar la casa para que, cuando la enchufes, tenga algo bueno que amplificar.

Lo que le diría a un comité de dirección

Con el sombrero de negocio puesto, mi resumen sería este: no inviertas en IA para poder decir que inviertes en IA. Inviértela donde puedas medir el retorno —horas ahorradas, errores evitados, decisiones mejores— y empieza pequeño, por un proceso concreto que te duela.

Desconfía de quien te promete transformación sin hablarte de tus datos. Y desconfía todavía más de quien te vende una solución cerrada que «lo hace todo»: en retail, lo que lo hace todo normalmente no hace bien nada.

La IA no es ni la salvación que cuentan los titulares ni el humo que dicen los escépticos. Es una herramienta muy potente para una empresa que ya tiene los deberes hechos. Si los tienes, vuela. Si no, primero haz los deberes.

Lo difícil se hace, lo imposible se intenta. Pero antes de intentar lo imposible, conviene tener los datos en su sitio.


Joan Garcia Camba es CIO de retail internacional en Barcelona. Ingeniero y MBA, escribe sobre tecnología, gestión y equipos desde 2008. Su perfil profesional completo está en joan.si.

De experto técnico a business partner: lo que nadie te cuenta del salto

Hace unos meses me tocó subir a un escenario en el BEE360 a contar mi trayectoria, y preparando esa charla me di cuenta de una cosa: lo más difícil de mi carrera no fue ningún reto técnico. Fue dejar de medir mi valor por lo técnico.

Hombre saltando entre dos rocas, metáfora del salto de técnico a gestor

Suena bonito en una diapositiva, pero el camino real está lleno de baches que nadie te avisa. Así que voy a intentar contarlo como me hubiera gustado que me lo contaran a mí.

La trampa de ser el mejor técnico

Cuando empiezas, tu valor es evidente: sabes hacer cosas que los demás no saben. Levantas un servidor, depuras la query imposible, te peleas con el error 8456 a la una de la madrugada y sales victorioso. La empresa te quiere porque tú arreglas las cosas.

Y ahí está la trampa, porque ese reconocimiento engancha. Cuanto mejor técnico eres, más te buscan, más imprescindible te sientes… y más atrapado estás. Te conviertes en el cuello de botella de tu propio equipo. Si todo pasa por ti, has construido un sistema que no escala, y el primero que no escala eres tú.

Me costó entenderlo: ser imprescindible no es un superpoder, es un techo.

Nadie en la mesa de dirección habla de bits

El día que me senté por primera vez en una reunión de dirección de verdad, descubrí que mi vocabulario no servía de nada. Yo llegaba con mi «hemos migrado el ERP», «tenemos la base de datos optimizada», «la latencia ha bajado»… y veía caras de educada incomprensión.

A ellos no les importaba la latencia. Les importaba si íbamos a poder abrir cinco tiendas más este año sin que el sistema reventara. Les importaba el coste, el riesgo y el tiempo. Mi trabajo seguía siendo técnico, pero mi manera de explicarlo tenía que dejar de serlo.

Es exactamente la idea que comentaba en aquella reseña de La isla de los 5 faros: hay que hablar el lenguaje de quien te escucha. Lo escribí hace años pensando en presentaciones, sin imaginar que sería la lección más importante de mi carrera.

Crecer rápido te obliga a madurar (CMMI no es burocracia)

En retail, cuando la empresa crece a saltos, la tecnología o madura al mismo ritmo o se convierte en el freno. Y aquí va una confesión: yo era de los que veía marcos como CMMI como burocracia para consultoras aburridas.

Me equivocaba. La madurez no va de rellenar plantillas, va de pasar de «lo arreglamos cuando explota» a «tenemos un proceso para que no explote». Va de dejar de depender de héroes —spoiler: el héroe normalmente era yo— y empezar a depender de procesos repetibles que cualquiera del equipo pueda ejecutar.

El día que una incidencia grave se resolvió bien sin que yo tocara nada, no me sentí prescindible. Me sentí, por fin, como un director.

Lo que nadie te cuenta del salto

Resumo en cuatro cosas lo que de verdad me hubiera gustado saber antes:

1. Tu mérito técnico deja de contar como antes. Lo que te trajo hasta aquí no es lo que te va a llevar al siguiente nivel. Duele, pero es así.

2. Tu trabajo pasa a ser que otros brillen. Antes el éxito era tu pull request. Ahora es que tu equipo entregue sin ti delante. Cuesta soltar el teclado.

3. Tienes que aprender a traducir. De tecnología a negocio y de negocio a tecnología. Eres el puente, y un puente que solo entiende una orilla no sirve.

4. La soledad del intermedio. Ya no eres del todo «uno del equipo» ni del todo «uno de dirección». Es incómodo, y nadie lo dice en voz alta.

¿Mereció la pena?

Rotundamente sí. No porque sea mejor que arreglar cosas —sigo disfrutando como un niño cuando me peleo con un proyecto técnico—, sino porque el impacto es de otro orden. Antes resolvía problemas. Ahora ayudo a decidir qué problemas merece la pena resolver.

Si estás en ese punto, sintiéndote imprescindible y un poco atrapado: empieza por documentar lo que solo está en tu cabeza, por dejar que otro lo haga «peor» que tú la primera vez, y por aprender a contar lo que haces en el idioma del negocio. El salto no se da de golpe, se da soltando lastre poco a poco.

Lo difícil se hace, lo imposible se intenta. Y esto, aunque cueste, solo era difícil.


Joan Garcia Camba es CIO de retail internacional en Barcelona. Ingeniero y MBA, escribe sobre tecnología, gestión y equipos desde 2008. Su perfil profesional completo está en joan.si.

Hooked – How to Build Habit-Forming Products

Hooked

A quien quiera leer este libro en Inglés, primero de todo no os asusteis es muy sencillo de leer, así que si ese es vuestro miedo, no sufrais.

Es un libro interesante que te explica una sencilla pero potente idea sobre como contruir productos que generen adicción, siempre explicado con ejemplos que hacen que la comprensión sea muy fácil.

En esencia el modelo «Hook» se basa en conseguir 4 fases o estadios

Trigger: «Que es lo que hace que el usuario use nuestro producto» ese disparador interno (rutina) o externo (publicidad) que hace por ejemplo, quere usar Instagram.

Action: La acción que debemos hacer para poder usar Instagram, en este caso el registro, debe ser lo más sencillo y menos doloroso posible, para evitar las barreras de entrada y poder llegar al siguiente punto, la recompensa.

Variable reward : Esta parte quizás fue la que más me gustó del libro, empezando por algo tan básico (pero que no había caido), el usuario no puede siempre ganar (pensar el ejemplo de la máquina tragaperras), también diferencia los tipos de reward que existen (tribu, cazador, yo), en definitiva explica como y cuando según tus necesidades debes recompenar al usuario.

Investment : Otro concepto interesante que ya había escuchado con anterioridad es la necesaría inversión que debe hacer el usuario en tu producto, ese trabajo «pequeño» pero constante, bajo un concepto precioso de que cuanto más nos cuesta algo, más lo valoramos (pensar en la valoración que le damos a los muebles del Ikea después de haberlos montado) , hay muchos ejemplos muy interesante sobre esto en el libro.

 

En definitiva, es un libro muy ameno, que se puede leer en 4 o 5 horas, con una idea muy buena y repleto de ejemplos utiles que lo simplifican, esto junto con un precio muy atractivo en Amazon, lo hacen una compra más que recomendable.

Los mecánicos deben ser los mejores padres

A mi dilatada experiencia de 65 días siendo padre y con mas de 500 pañales a cuestas, me he dado cuenta que la experiencia es añadir puntos a un checklist.

Niña llora, ¿Que le pasará? ¿hambre?, le das de comer, la niña calla, perfecto!!! hemos aprendido llanto dispara comida.

Niña llora, das comida, no tiene hambre ¿Qué ocurre? ¿Tendrá el pañal sucio? limpias el pañal, la niña calla, perfecto!! llanto dispara comida o caca.

Niña llora, das comida, no tiene hambre, cambias el pañal, está limpio ¿Qué ocurre? ¿Tendrá gases? haces movimientos de piernas, la niña suelta metano como para considerarse bomba química, pero calla, perfecto!!! llanto dispara comida, caca, gas.

Después el listado sigue, con sueño, frio, sudor… en el mismo formato de las anteriores, try catch.

Conclusión, ahora, cada vez que mi hija llora, le hago la revisión oficial de los 25 puntos (hambre, pipi, caca, gases, frio, sudor, sueño, fiebre…) hasta que, con mucha suerte, encuentras el que le tranquiliza.

Reflexión 1: Los niños deberían venir con un cuadro de mandos como el coche para facilitar encontrar la avería.

Reflexión 2: Espero que con el tiempo mi algoritmo de búsqueda mejore, porque hasta el momento los costes son cuadráticos.

National Pens

Hoy me gustaría explicar una amarga experiencia que he tenido con la empresa National Pens… estoy un día en el ordenador y me llega un mail de confirmación de un pedido de 100 bolis, raudo y veloz llamo al teléfono de la empresa a decir que yo no he hecho ningún pedido, que si es correcta esa información que lo cancelen; la chica me intenta convencer de que realmente he sido yo quien ha hecho el pedido, ya que se ha utilizado un código único escrito en una carta que enviaron a mi dirección junto con un boli de muestra, carta que no viene certificada ni evidentemente recibí jamas.

Pasado X días recibo el paquete en mi casa, con la mala suerte que no soy yo quien está en casa ese día y por lo tanto el paquete queda recibido, envío un mail a la dirección de correo que aparece en los papeles irccesteam@pens.com y NP_ESFinance@pens.com , para indicar que no he hecho el pedido y que por favor vengan a buscar el producto.

Empiezo entonces a recibir cartas de pago de factura, a las que contesto que no he hecho el pedido y que por favor vengan a por los bolis, envío mails a los que nunca nadie me contesta, las cartas de impago siguen llegando… les intento enviar un burofax, pero sorprendentemente no tienen dirección física y a un apartado postal no puedo enviar un burofax.

Les envío mails resumiendo lo ocurrido, pero nunca nadie me dice nada, así que puesto que no puedo enviar un burofax, envío un mail certificado, no sirve de nada, las reclamaciones (con recargo de factura) siguen llegando, así que vuelvo a llamar al 900 96 35 36 para intentar dar sentido a este sin sentido, hablo con una chica, que se niega a darme su nombre (políticas de empresa me dice) así que no tengo más que llamarla «Señorita X», le explico a Señorita X lo que ha ocurrido y me dice que lamentándolo mucho, voy a tener que pagar, porque la información escrita en los bolis es correcta.

Cojo aire y le pido confirmación, «¿O sea… que enviáis un boli a un buzón sin ningún tipo de seguridad que lo reciba la persona adecuada, que si se hace el pedido con la información que hay en internet (nada personal) es suficiente «prueba» como para obligarme a pagar una factura de un pedido que yo NO he hecho y que he informado en varias ocasiones y por varios medios que no NO había hecho? » Contestación de Señorita X, «Sí, lo lamento mucho pero tendrá que pagar».

No se la legalidad de este procedimiento, pero a mí se me ha quedado un cuerpo de haber sido engañado y estafado por esta National Pens.

Espero que esta historia se sirva a alguien, como mínimo para saber lo que debe y no hacer ante una situación como la que me ha ocurrido a mí.

La isla de los 5 faros

Hace poco trabajando con @Pere Carbó de Cala me recomendó un libro que me ha parecido muy interesante, «La isla de los 5 faros», es un libro de pocas páginas que se puede leer fácilmente en un par de horas, el mensaje que nos da puede parecer evidente, pero lo importante no es que el mensaje sea revelador, sino intentar tenerlo presente cada vez que queramos hacer alguna presentación o en general cuando queramos exponer algo de forma efectiva.

Las 5 ideas son:

Ten siempre claro y deja claro cual es la idea o ideas que quieres comunicar, no hay nada peor que acabar de escuchar una presentación y no coincidir que la persona de al lado sobre cual era el tema de la charla o los puntos importantes de la misma.

Habla el lenguaje de tus oyentes, es muy importante hablar el mismo lenguaje de las personas que nos escuchan, evidentemente no estoy hablando de idioma, estoy hablando por ejemplo, de evitar tecnicismos sí estamos hablando con personas no técnicas. Hablar diferentes lenguajes genera distancia y precisamente es lo que queremos evitar.

Cuenta una historia, esta idea me encantó, no hay mejor forma de explicar una idea que en forma de historia o metáfora, es la mejor forma de hacer que las personas lo entiendan y lo retengan.

Fíjate en el lenguaje de las personas, mira como reaccionan, que cara ponen, verás como debes modular tú discurso y rectificar en el caso que sea necesario, verás en la gente el reflejo de lo que sienten por lo que estás explicando.

Invita, no empujes, esta sería la última idea, personalmente (y no tiene porque tener sentido para ti) me recuerda al concepto de no vender un producto, sino vender la solución a una necesidad, la perspectiva del cliente es totalmente diferente. Siempre me acordaré de MadMen cuando decía: «Hay que generar un picor en el cliente, que sienta la necesidad de aliviar ese picor y solo entonces, le presentamos nuestro producto, como la solución a sus picores».

He disfrutado mucho con este libro y ciertamente lo recomiendo a cualquiera.

Gestión de las peticiones

Un punto común en la gestión de incidencias o peticiones, es la recepción de las mismas, como recepcionamos estas peticiones.

Si miro atrás en el tiempo veo que siempre ha sido un punto muy importante en el trabajo y que sufre un seguido de fases que comentando con mis colegas son siempre comunes.

Peticiones de pasillo

 

Petición de pasillo: Por comodidad del usuario suele ser la primera que gestionas en la vida, usuarios que por pasillo o por teléfono te hacen una petición de lo que quieren o lo que les ocurre. En este estadio vives muy poco tiempo, al poco migras a la versión 2.0 de «petición de pasillo», que es «me lo apunto en la agenda», ya empezamos a querer tener un mínimo de orden, es imposible acordarse de todo!!

 

Petición por Email

 

Enviame un mail: Después de migrar de la «petición de pasillo» a «me lo apunto en la agenda», rápidamente llegamos a una conclusión: «Si yo me lo tengo que apuntar en la agenda, que me lo envien por mail y así ya lo tengo escrito», con lo que agarramos con fuerza nuestra bandera donde pone «¿Me lo envias por mail?» y cada vez que alguien en el pasillo o por teléfono te hace una petición, tú sacas la bandera y repites como un buen lorito: «¿Me lo envías por email?»

 

Ticket

 

Me abres un ticket: En el punto anterior del email, nos hemos sentido cómodos durante algún tiempo, pero poco a poco empiezas a ver que tampoco es el estadio ideal, te juntas con 200 mails al día entre:  trabajo, publicidad, compras, spam…empieza a ser incontrolable, pero como estás bien en este estadio, te intentas agarrar y empiezas a hacer variantes, ¿Y si voy creando carpetas para clasificarlo todo? ¿Y si intento mantener la bandeja de entrada como tareas pendientes y clasificó lo realizado en carpetas? ¿Y si juego con etiquetas de colores automáticas para poder gestionar mejor el correo? … pero nada te parece del todo correcto, no tienes control de las incidencias, no tienes indicadores, no puedes cuantificar cargas de trabajo y entonces es cuando te rindes a la plataforma de ticketing, coges tu bandera donde habías escrito el «¿Me lo envias por mail?» y lo sustituyes por «Me abres un ticket?»

 

 

Soporte

 

Me envias un soporte: Ya estamos en un punto de madurez alto, tenemos nuestras peticiones que nos han entrado por la plataforma de ticketing y podemos controlar trabajo pendiente, SLA’s, cargas de trabajo, responder con base de conocimiento, todo empieza a estar controlado y parecer profesional, solo hay un pequeño problema, al usuario esto de entrar en una web, hacer login y enviar una petición le gusta más bien poco, sobretodo al usuario V1.0 que le has ido pasando de la petición por el pasillo al email y del email al ticket ya empieza a estar un poco harto, porque para él no haces más que complicarle la vida, así que en este estadio empiezas a tener fricciones serias.

 

La solución en mi caso es hacer un híbrido del paso 2 y 3, no me abras un ticket, pero enviame un mail a soporte@ o incidencias@ o helpdesk@ que esto me abrirá un ticket y tú solo me tienes que enviar un mail: «Eso ya lo hacías antes y no te cuesta nada…»

 

Y así amigos es como ha sido mi evolución en la introducción de peticiones, si un caso otro día hablamos de cómo podemos gestionar incidencias con SLA’s cortos a proyectos o miniproyectos sin SLA’s en una misma plataforma.
Saludos!

Instalar Symfony2 en Yosemite con MAMP

Un amigo mio me comento que Symfony es una gran opción para programar web, pues vamos a probarlo, así que veremos como instalar Symfony2 en Yosemite con MAMP!!

Primero de todo me bajo MAMP para correr un entorno de desarrollo local en mi MacBook Pro Retina de 13″ (Sí, estoy orgulloso de él)

Empezamos mal, pues al arrancar MAMP ya no funciona

dyld: Symbol not found: _iconv Referenced from: /usr/lib/libmecabra.dylib Expected in: /Applications/MAMP/Library/lib/libiconv.2.dylib in /usr/lib/libmecabra.dylib /Applications/MAMP/Library/bin/apachectl: line 80: 2799 Trace/BPT trap: 5 $HTTPD "$

MAMP error Yosemite

 

Para arreglar esto nos vamos a la carpeta Aplicaciones de nuestro Mac y allí entremos en:

bin -> apache2 -> bin

Cambiamos el nombre del fichero envvars a _envvars

MAMP ya arranca, eso es bueno.

 

 

 

Ahora nos vamos a instalar Symfony, que es lo que queremos… entramos en la web de Symfony y vemos que nos dicen que para instalarlo tenemos que utilizar un script llamado composer, pues lo que ellos digan, si es así vamos allá.

Abrimos un terminal de Mac y lanzamos

curl -sS https://getcomposer.org/installer | php

Ningún problema, siguiente orden:

sudo mv composer.phar /usr/local/bin/composer

Ya estamos otra vez, «error», la carpeta no existe, no es un gran problema, cambiamos la ruta y punto

sudo mv composer.phar /usr/bin/composer

Perfecto, esto ya está, otro paso más hacia Symfony, ahora tenemos que instalar el aplicativo utilizando composer

composer create-project symfony/framework-standard-edition ruta-donde-instalaremos-la-aplicacion/

Que bonito! empieza a hacer cosita, a descargar otras, me hace preguntas del servidor de Mysql: usuario, pass, puerto bla bla bla bla y para terminar, algo que no había sucedido nunca, «error».

Cagontodo, mira que está siendo un parto esto

Script Sensio\Bundle\DistributionBundle\Composer\ScriptHandler::clearCache handling the post-update-cmd event terminated with an exception

[RuntimeException]
An error occurred when executing the "'cache:clear --no-warmup'" command

Volvemos a buscar información y como dice el error un poco más arriba, es debido al date.timezone de php.

Ningún problema!!! MAMP tiene un fabuloso sistema de plantillas para corregir esto, en la configuración del php.ini de la distribución de PHP que estemos lanzando en ese momento.

Ni corto ni perezoso me voy al php.ini del MAMP y añado la linea:

date.timezone = "Europe/Madrid"

Lanzo nuevamente el instalador y… redoble de tambores!!! tampoco va… mismo error, mi no entender.

Me rasco la cabeza a modo orangután pensando que narices puede ser, creo un fichero para lanzar un phpinfo() y me está devolviendo bien date.time

Entonces ocurrió un milagro de esos que no se bien bien porque me vienen a la cabeza y pienso

¿Y si el apache está lanzando una versión de PHP, pero la consola de comando está lanzando la versión que viene nativa en Yosemite?

Con una aureola celestial a mis espaldas lanzo desde linea de comandos un php -v y veo que me devuelve la versión 5.5.14 cuando MAMP trabaja con la 5.5.10 , ahí está, tenía razón, a veces pienso en Marilyn Manson y su costilla.

Bueno señor@s, pues miro donde está el php.ini nativo de Yosemite y como no, está en /etc/php.ini.default así que copiamos el fichero para que sea php.ini

 sudo cp /etc/php.ini.default /etc/php.ini

Añadimos la susodicha linea de date.timezone, lanzamos nuevamente el composer y ahora sí!!!! Con lagrimas en los ojos doy gracias a mis padres y a todo el mundo que me ha apollado en esta ardua carrera….

Seguimos, siguiente paso es cambiar los permisos de ciertos directorios

chmod 0777 app/{cache,logs}
chmod +a "`whoami` allow delete,write,append,file_inherit,directory_inherit" app/{cache,logs}

Una vez hecho esto, arrancamos nuestro servidor

php app/console server:run

Y al navegar a la url de config  localhost:8000/config.php deberíamos ver algo así:

yosemite-symfony-start

Pero… ¿Yo vi ese mensaje?

A estas alturas ya sabéis que yo no vi ese P#t@ mensaje

 

Yo me comí un :

 

Major problems

Major problems have been detected and must be fixed before continuing:
    1.    Vendor libraries are missing. Install composer following instructions from http://getcomposer.org/. Then run "php composer.phar install" to install them.

Bueno, haremos lo que nos dice y lanzaremos comando dentro de nuestra web

composer install

Pero continua dando el mismo error, me meto otra vez en San Google y miro que narices es este error, encontrando esto:

 

http://stackoverflow.com/questions/27744855/symfony-2-6-error-after-using-composer-vendor-libraries-must-be-installed

Pues se ve que es un Bug actual, menos mal, empezaba a estar cansado de tanto fracaso y error.

Bueno, pues ya está señor@s, tenemos Symfony2 instalado en nuestro Mac con MAMP.

Ahora solo hace falta programar, que es lo realmente fácil :p