La estupidez del DRM

El DRM para quien no este al tanto es (Digital Rights Management) algo así como la gestión de los derechos digitales, esto es en vocabolo plano, «el modo para que no me pirateen mi obra si la ofrezco en modo digital» que de una forma teórica no es que me parezca mal, los autores de algo deben cobrar por sus obras, hasta ahí todo correcto, a mi personalmente me molesta el como hacen ese control.

101 Secretos de VMware vSphereEl caso particular que me ha llevado a escribir esto; hace un par de días veo que un «guru» de vmware ha sacado un libro en formato digital, el libro en cuestión es «101 Secretos de VMware vSphere» por Jose Maria Gonzalez, me dirijo a la web que vende el libro lulu.com y hago la compra, como he dicho antes estoy a favor de los derechos de los autores, por eso NO intente bajarlo en pdf de otra página sino comprarlo de forma oficial.

Hago el pago mediante paypal, me dirige al sitio de descarga y clico al link del fichero, 1segundo después 957bytes de bajada comienzan a ponerme nervioso, miro la descarga y veo que es un fichero con extensión acsm, indignado y medio dormido vuelvo otra vez a la página del libro y veo que la descripción del formato está sospechosa mente bien redactada: PDF para Adobe Digital Editions, gran parte de la culpa es mía porque a las 01:00AM yo únicamente leí PDF, empiezo a investigar que narices es eso y me doy cuenta que es un formato para el programa especifico de Adobe, intento descargar el software y no es compatible con OS Lion, mi enfado va subiendo.  

Consigo hacer una instalación manual del programa y por fin veo el libro, en una interfaz penosa, inútil y sin posibilidad de guardar como PDF, imprimir o exportar a cualquier otro formato que pueda ver en mis ordenadores sin necesidad de ese software o en mi teléfono o en mi Ipad, en definitiva algo práctico. Llegado este punto me arrepiento de la compra en digital, si me llego a dar cuenta de la basura de ese formato hubiera comprado el libro físico, que puedo llevar a todos sitios, puedo dejarlo a mis amigos, puedo fotocopiar la página que quiera, tengo más libertad que con ese formato penoso.

Me pongo en contacto con lulu.com y no me hacen ni caso, perfecto, finalmente me veo obligado a buscar información para romper el DRM y dejar un PDF portable, práctico, con todas las grandes ventajas que tiene un PDF, todo aquello que no había querido hacer desde un principio y mantenerme en el margen de lo legal, se va al traste. Después de 10 minutos de búsqueda encuentro un software de Mac que con 3 clicks deja el PDF libre.  

Y mi pregunta:

¿Es realmente necesario publicar estos formatos? ¿porque no venden los PDF libres?
Para que no los pirateen.

Error
yo hubiera pagado igual de agusto por un PDF libre y práctico.
Pero no todo el mundo tiene consciencia de autor.

Me gustaría saber que % de las personas que compran en este tipo de formato vuelven a comprar al ver las limitaciones de formato. Evidente mente ninguna de mis palabras son en contra de Jose Maria Gonzalez o de su fantástico libro, mi queja es hacia la histeria de querer limitar y controlar ciertos contenidos, en otros ámbitos como la música, autores han llegado a regalar sus discos, admitiendo donaciones y finalmente ganando más dinero que con el canal habitual. Inicialmente las canciones también tenían incrustado el famoso DRM y era igual de tedioso, no podías copiarlo a tu lector MP3 o en tus varios ordenadores.

Finalmente la experiencia ha llevado a vender MP3 planos o poder convertir tus compras en MP3 standard, cojamos ejemplo de los mercados que ya están evolucionados y no cometamos los mismos errores. Acabo por recomendar a todo el mundo que esté interesado en la virtualización con VMware la compra del libro en formato papel, que el digital sea una basura, no implica que el material en sí sea muy bueno.

Muere Steve Jobs

Muere el gran Steve Jobs, no tengo demasiadas cosas a añadir de las que ya se han comentado, únicamente lamentar la perdida de una gran persona, nos deja grandes momentos, grandes keynotes enganchado a la pantalla del portátil, solo por escuchar: «One more thing…» y ver como rugía la sala. Steve ha hecho de Apple una empresa número 1 y de sus productos una base para muchos de nosotros.

Puedes ser consumidor de Apple o no serlo, pero no hay nadie que no asocie reproductor de MP3 con Ipod, es común escuchar «Me he comprado un Ipod» y mostrar cualquier otro aparato, ya no es un reproductor de MP3, ahora es un Ipod. La gente puede comprarse tabletas, Samsung Galaxy, Acer Iconia, hay muchas, pero cuando alguien te pregunta, dice: «¿Eso es un Ipad?» Apple ha calado en todos nosotros con un concepto claro, son los mejores.

Me he dejado para el final el Iphone, cuando en el 2007 monstruos como Nokia eran los reyes del mercado con su «flamante» N82, Steve Jobs imaginó un teléfono que ahora es la base de cualquier smartphone, cuando las agendas funcionaban con punteros y Steve Jobs enseño sus 5 lápices por mano, en ese momento Apple cambio el mundo, dio un giro al mercado de la telefonía mucho más allá de la evolución, rompió esquemas, después de 4 años, ahora podemos ver teléfonos que son alternativas dignas, 4 años en tecnología es una eternidad.

Pues egoístamente, esto es lo que hemos perdido todos, alguien lo suficientemente brillante como para deleitarnos con estas genialidades, que empuje a la competencia a esforzarse, no hay nadie como él y es un pena que ya no esté.

Adios Steve y gracias por todo.

 

Zona hostil para manazas

Al escribir en el Firefox: «about:config» para entrar en la configuración me ha salido esta pantalla:

«Zona hostil para manazas«!!! por un momento me he sentido insultado por mi navegador!!! y posteriormente, aún siendo insultado… me ha hecho gracia, así que creo que lo usaré como respuesta predeterminada en algunos mails.

No me quieras tanto

Hace unos dias publique un post en contra de Facebook y de su personal concepto de la amistad, ahora cae en mis manos este texto exquisito gracias a Carlos Muñoz Camba, sobre otro circulo de personas que seguro que tienen mucho en común:

De un tiempo a esta parte quedo con personas que, en realidad, no tienen un gran interés en charlar conmigo. Esto podría minar mi autoestima pero una suerte de optimismo insensato me lleva a pensar que amar y no hacer ni puto caso pueden ser compatibles. Yo sé que esas personas que no muestran mucho interés en hablar conmigo me quieren.

Si no fuera así, entendámonos, no quedaría con ellas. Esas personas me escriben mensajes rebosantes de cariño: por e-mail, por sms, por Whatsapp, por Facebook, por activa y por pasiva. Y en esos mensajes hay frases tan apasionadas que parecen extraídas de un bolero. Son frases que antes en España no se decían pero que, ahora, gracias a la revitalización del género epistolar propiciado por las nuevas tecnologías, están en auge. Esas personas me dicen que me adoran. Que me adoran y que cuentan los días para verme. Que cuentan los días y que me quieren. Que me quieren y que nos va a faltar tiempo en una cena para contarme todo lo que me tienen que contar. Que nos va a faltar tiempo y que están deseando conocer mi opinión. Que desean conocer mi opinión y que nadie como yo para compartir este y otro secreto. ¿Y por qué? Porque soy adorable. Eso me dicen.

El mundo de la tecnología ha bolerizado el género epistolar. Ha generalizado el lenguaje de las postales románticas y ahora lo que toca es escribirse con palabras de novios antiguos de los años cuarenta. Y, aunque yo soy de esa generación en la que si tus padres te decían «te quiero» es porque o se iban a morir ellos o te ibas a morir tú, tengo el corazón débil y, cuando una persona me pide una cita con palabras tan melosas, soy incapaz de no creerme un poco la pasión que sienten hacia mí.

Esas personas son las que te reciben con los brazos abiertos en un restaurante, te dan un beso apretado y unen sus pechos sin pudor contra tus pechos, por no hablar de otras partes que también entran en contacto, en estos abrazos actuales; sean hombres o mujeres los que intervengan en ellos. Esas personas son las que acto seguido de desdoblar la servilleta y ponerla sobre sus piernas, sacan el móvil del bolso o de la chaqueta y lo colocan al lado del plato. Esas personas de las que hablo, las mismas que me adoran por escrito, suelen tener un iPhone o una Blackberry, a través de los cuales me escriben a mí esos deliciosos mensajes.

El problema es que mientras están conmigo no renuncian a comunicarse con terceras personas. Con un ojo me miran a mí, que estoy situada a la izquierda, por ejemplo, y por el rabillo del otro, miran a su querido aparatito. Suena una campanilla. Les ha entrado un mensaje. Lo leen tan rápido que casi no lo noto. Entonces, sonríen. Sonríen como si alguien les hubiera contado un secreto, o algo picante, o como si les acabara de llegar una información crucial. Pero, desde luego, no sonríen por la conversación que tiene lugar en la mesa. Esas personas, las mismas que, con desesperación, anhelaban verte, te dicen, perdona, perdona un momentito, y se ponen a teclear un mensajito con un solo dedo. Qué dedo más rápido tienen esas personas. Es un dedo entrenado para escribir como si a uno le hubieran amputado la mano izquierda. Una vez terminado el mensaje la conversación continúa.

Continúa hasta que vuelve a sonar de nuevo la campanilla: el amante, el amigo, el jefe, el cómplice, el plasta, ha contestado. Nueva sonrisa de esas personas que nos quieren tanto. Y como poco a poco van perdiendo la vergüenza, toman el iPhone o la Blackberry con las dos manos y teclean entonces con los dos pulgares. Qué maravilla de pulgares. Parece que han ido a una academia de mecanografía con pulgares para iPhones. Viene el camarero a tomar nota de la comanda y como las personas que tanto me quieren están ya apoyadas en el plato escribiendo a velocidad de vértigo mensajes tan apasionados, imagino, como los que me pusieron a mí, soy yo la que encarga el vino, el picoteo del principio y, si se me ha informado antes, el plato elegido por las personas que tanto deseaban este encuentro. No siempre una se siente ignorada, en lo absoluto. Hay ocasiones en las que los dueños de la Blackberry o el iPhone te hacen partícipe de los mensajes recibidos, y tú puedes aportar algo en las contestaciones. A veces se trata de los amantes y entonces ya vives con excitación delegada.

Ha habido ocasiones en las que las personas que me quieren se intercambian fotos con dichos amantes. No fotos a lo Scarlett Johansson, porque no son horas. Imagino que ese tipo de instantáneas de corte más íntimo las dejan para cuando están encerrados en el cuarto de baño de su hogar, mientras sus maridos o sus mujeres están acostando a los niños.

El móvil ha supuesto una revolución en el universo de la infidelidad. Quiero decir con esto que no soy uno de esos espíritus rancios que discuten las ventajas que para muchos ciudadan@s ha supuesto la irrupción de la nueva telefonía. Solamente quisiera expresar el desconcierto que me produce el que personas que tanto me adoran y desean compartir una hora y media de mesa y mantel conmigo no sean capaces de olvidarse del puto móvil durante un tiempo ridículo de sus hiperconectadas vidas. Que lo comprendo todo, sí, ¡que yo también tengo iPhone!, pero que lo dejo metido en el bolso. Joé.

Fuente: El Pais
Artículo : http://www.elpais.com/articulo/opinion/quieras/elpepusocdgm/20111002elpdmgpan_1/Tes